Los mitos sobre el Intercambio Humanitario

19Ene07

Viernes 19 de enero, 2007

No se puede culpar de la permanencia de los conflictos armados internos de Colombia sólo a un manejo inconsistente y equívoco del Estado, si con esa frase queremos hacer un llamado a una mayor represión; pues represión es lo que ha sobrado en Colombia a tal punto, que esa represión y la masacre de todo un partido político,la Unión Patriótica, no se pueden ocultar en la historia de Colombia.

Los números no cuentan en la perennidad de la lucha. A partir del gobierno de Pastrana, el ejército ha tenido el mayor crecimiento de toda su historia. Sin embargo, eso no influye en la eliminación de la violencia, comenzando por el hecho de que un ejército, entre más grande sea implica unos costos que difícilmente retroceden con el tiempo; y que las guerrillas nacen y se desarrollan sin que les importe el tamaño de los ejércitos. Las FARC tienen una experiencia de adaptación y combate que se asemeja a la de los Vietcong, especialmente ahora cuando ya han podido dominar el terreno selvático. Cuando una organización armada se mueve en esos niveles, enfrentarla exclusivamente con las armas y la guerra psicológica, sólo aumenta su efectividad de ataque, y por ende , su peligrosidad.

Los 500 miembros de las FARC no volverán todos a las filas de las FARC, se sabe que más de 100 no lo van a hacer, y los que vuelvan no tendrán ningún liderazgo ni la experiencia que ya otros habrán ganado. Pero exageremos ilimitadamente y digamos que las FARC se reforzarán con 500 viejos miembros. Si lo miramos de manera superficial podríamos decir que si hay más guerrilleros, las guerrillas se vuelven más peligrosas, pero no es así. De la misma forma, aumentar el ejército estadounidense en Vietnam con cientos de miles de efectivos, no transformó ese aumento en victoria. Distraernos en los números nos impide ver la importancia de las estrategias y las tácticas, y cómo ellas no sirven de nada sin programas sociales, económicos y sin un desarrollo del gobierno que demuestre que con él se recibe mejor salud, educación y progreso económico. De lo contrario, esto seguirá siendo una guerra cada día más aparatosa y perdida.

Si los colombianos fuéramos más prácticos y mejores conocedores del problema, en lugar de exagerados y timoratos, lo de los 500 miembros de las FARC no sería obstáculo para la liberación de los 57 ciudadanos a quienes no podemos seguir dejando por años bajo la tutela de las FARC en lugar del amparo de nuestra democracia.

La Seguridad Democrática por su parte, ha disminuido el crimen porque la tregua de cerca de 30.000 delincuentes tenía que sentirse en todo el país. El presidente Uribe, desde el punto de vista político ,conocía muy bien el efecto psicológico que su negociación con los criminales tendría a su favor. Pero las FARC no son las AUC, y ni lo que hacen ni lo que buscan es lo mismo. Y aquí es donde el presidente Uribe ha fallado. El desplazamiento de las FARC desde sus áreas de control e incluso sus cientos de bajas en el transcurso de más de cuatro décadas, no pueden considerarse de ninguna manera una victoria sobre las FARC,a no ser que todavía haya quienes se dejen engañar por las apariencias.

Además, alegar que la Seguridad Democrática es la causa del crecimiento económico, principalmente de la banca, de los exportadores privilegiados y los negocios auspiciados por el gobierno, es desconocer el incremento de los mercados mundiales, el sobreabastecimiento que exige la guerra de Irak y la competencia de las economías globales, todos éstos, hechos en los que Colombia es sólo un ente pasivo.

El presidente Uribe le ha sacado el máximo provecho político de todas estas circunstancias que están fuera de su control, lo que nos muestra sus maniobras y su mediática política. Pero ¿Cuál es la solidez de todo eso y cuál el plan para afrontar los reveses?

Las palabras del presidente Uribe sobre la paz en Colombia han sido inútiles y demagógicas. Veamos: la mediación de Alvaro Leyva no agrega nada a lo que ya se tiene de parte de la Iglesia Católica, Francia, España, Cuba y Suiza. Hay demasiada mediación, lo que no hay es acción, y lo único que supera a tanta mediación es la falta de firmeza de este gobierno para negociar. Desmilitarizar una zona de diálogo no es difícil y cesar las hostilidades es simplemente obvio. Reunirse con los cabecillas de la guerrilla ¿no sería parte de apersonarse de un problema tan importante para el país como la violencia? Y la nueva Asamblea Constituyente es ineludible si se quiere acabar la guerra civil en el campo y reconocer las posiciónes políticas de las FARC, que a partir de ese momento pasarían a formar parte de la Constitución Colombiana y no una rueda suelta para que cualquiera arme la violencia que se le dé la gana y eternamente.

Las especulaciones que se divulgan en Colombia sobre el terrorismo no podrían ser más absurdas. Se dice por ejemplo que los ataques terroristas son signo de debilidad militar. ¿A quién se le ocurriría decir que el ataque de Al-Caeda contra Nueva York y Washington es un signo de debilidad militar? Las acciones terroristas son sólo eso, terrorismo. No son acciones militares. Tampoco se puede permitir que las acciones terroristas afecten las funciones del gobierno. Cualquier diálogo que el gobierno adelante tiene que defenderse por encima de un atentado terrorista. El diálogo entre Zapatero y la ETA debió intensificarse, y no acabarse porque una facción de la ETA lo haya desafiado. Lo que se está afirmando al acabar el diálogo es que el terrorismo es el arma más fuerte para intimidar al gobierno y obligarlo a cambiar de posición. Para ponerlo en términos sencillos, se demostró que el terrorismo decide. Eso es concederle todo el poder que un terrorista pueda soñar.

Supongamos que en las FARC haya una división entre una línea de diálogo, impulsada por Raúl Reyes, y otra línea guerrerista, liderada por el Mono Jojoy. Si eso es así ¿Cómo un político tan bueno no puede aprovechar esa fisura para ahondar una división entre las FARC? El atentado fallido en la Escuela Superior de Guerra le ofreció al gobierno colombiano la mejor oportunidad para dividir a las FARC.

Lo que hizo el presidente Uribe al terminar su disposición al diálogo fue concederle al terrorismo el poder decisorio para desviar los intereses del gobierno, cómo y cuándo se le de la gana, y permitirle a las FARC que resolviera sus divergencias y lograra unir las líneas opuestas para adaptarse a las nuevas condiciones de combate. Lo que hizo Uribe fue aliarse con el Mono Jojoy para derrotar a Reyes. La aceptación que le dio Uribe al atentado ayudó tanto a las FARC que tres semanas después las FARC unidas exigieron el desmantelamiento de la Seguridad Democrática.

Uribe no es el hombre para enfrentar las FARC, le falta malicia indígena, no ha mostrado saber nada de la cultura militar. Basta recordar su famosa exigencia de positivos. Tampoco tiene el coraje para llevar adelante ningún proyecto de paz. Hablar convincentemente no es lo mismo que saber lo que se está haciendo. Al final lo que cuenta son los logros no las promesas. Y los logros no han sido como los pintan.

El Intercambio Humanitario debe negociarse alrededor de lo que su nombre indica UN INTERCAMBIO HUMANITARIO, no una fórmula para terminar el secuestro, —qué soñadores tenemos en Colombia. Ni tampoco es una negociación de paz. Si Uribe supiera qué son los intercambios humanitarios, que se han hecho hasta en la mitad de la guerra, no estaríamos en el embrollo en que sobre este punto ha sumido al país durante todo su gobierno. El Intercambio Humanitario no tiene nada que ver con la guerra ni con la paz, ni siquiera con el secuestro. Esas elucubraciones que se hacen en Colombia son el lógico producto de la ineptitud, la cobardía y el subdesarrollo. Que Israel ofrezca mil prisioneros palestinos por un solo secuestrado israelita, es algo fuera de la comprensión de los colombianos.

El Intercambio Humanitario es la única forma que queda para darles la justa libertad que merecen 57 personas en manos de las FARC. Con la coja acción de la Marina, que Araujo aprovechó para escaparse, no habrá secuestrado vivo después del primer disparo en un ataque sorpresa.

La Seguridad Democrática ya llegó a su fin. La guerra sola no puede resolver el problema sino agudizarlo, insistir en apoyar la línea dura de las FARC no es lo más inteligente.

No tengo ningún indicador para pensar que el presidente Uribe se da cuenta de lo que está haciendo. Que aprenda como está aprendiendo Bush, es pedirle demasiado y algo muy costoso en vidas para los colombianos. Como en Ecuador y Estados Unidos este es el momento en que los colombianos tienen que hacerse oír y mostrar su poder como los constituyentes de Colombia que son.

José María Rodríguez González

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4 Responses to “Los mitos sobre el Intercambio Humanitario”

  1. 2 orlandinho

    me encantaria encontrar mas biliografia del tema


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