Uribe insulta de “terroristas” a sus críticos

07Feb07

 

 

 

Lunes 5 de febrero, 2007

 

Es un error imperdonable que el mismo Presidente de la República insulte de “terrorista de corbata” a un senador que lo critica. En primer lugar, porque en un país donde el terrorismo es considerado el peor enemigo del estado, insultar de esa manera tan baja a un legítimo senador que ocupa su cargo por mandato del pueblo y que está cumpliendo a cabalidad su deber de senador, luchando por la honestidad y el bien de Colombia, el insulto del presidente puede poner en peligro la vida del senador y su familia. Peor cuando el presidente Uribe, a pesar de su popularidad, goza de enormes sospechas nacionales e internacionales de su relación de familia con el narco-paramilitarismo, cuando el escuadrón ultra-derecha de la muerte Las Águilas Negras han amenazado de muerte a dos hermanos del senador Petro, y cuando el gobierno acaba de permitir que la representante de las víctimas del paramilitarismo fuera asesinada por los paramilitares, después de que ella suplicó la protección del gobierno. El insulto del presidente no podría ser más inapropiado y hasta inspirador de peligrosas acciones entre los malhechores y fanáticos que lo siguen. En un país donde impera la violencia se espera la cordura y la reconciliación del presidente no que el mismo presidente aumente la instigación y los peligros que continuamente se viven, principalmente por defender la verdad y la justicia. La respuesta descontrolada, insultante y belicosa del presidente lo incrimina intelectualmente de lo que le pueda suceder al senador Petro y su familia.

En segundo lugar, este epíteto de “terrorista” es ampliamente usado por las bases del partido de gobierno para insultar a quienes analizan y se atreven a opinar críticamente del gobierno. El presidente debería censurar el uso inapropiado y denigrante de ese término y no oficializarlo como su fórmula presidencial de atacar a quienes lo critiquen. Es claro que esta acusación de “terrorista” es malintencionada, sesgada e irresponsable.

Es inconcebible que el presidente se muestre como un fanático que ataca a las FARC y no una persona con algún mediano conocimiento de los verdaderos actores de un conflicto armado que plaga al país. Si el presidente no puede distinguir entre un senador cuya vida es escrutinada diaria y públicamente y un terrorista fabricando bombas en la profundidad de la clandestinidad. Me deja perplejo cómo Uribe puede ser el Comandante en Jefe del ejército, dirigir una guerra que nos cuesta tanto y ser incapaz de distinguir un verdadero terrorista, lo que le ha impedido reconocer que hay un conflicto armado en Colombia.

En tercer lugar, es obvio que el presidente Uribe no puede desligarse de la agravante que la parapolítica es un fenómeno atado al uribismo, que el uribismo es el aparato político de gobierno y que el presidente Uribe es el caudillo del uribismo. Causa estupor que el presidente de Colombia en lugar de enfocar toda su energía en esclarecer y erradicar esta epidemia presente de su aparato político, actúe como si esto no fuera la crisis política de la Colombia actual y que él está dirigiendo, y en su lugar se preocupe por los errores de los gobiernos anteriores al suyo, como si su papel fuera judicial o de un anticuado Sherlok Holmes y no lo que realmente es: un alto ejecutivo de quien esperamos soluciones para el presente, no que evada sus responsabilidades y se evapore en los retazos del pasado.

El presidente Uribe no solo avergonzó la estatura de su cargo, puso su persona al borde de responsabilidades intelectuales, ojalá no criminales, de epítetos inaceptables, sino que actuó ingenuamente. No es el senador Petro el único que hace esas acusaciones, es un gran sector del pueblo colombiano que él representa. Es ingenuo pensar que es solo el senador Petro o que el senador Petro lo sabe todo. No, hay muchos colombianos que saben más y cuyo testimonio es lugar común entre el pueblo. Por ejemplo, hay miles de antioqueños testigos de la campaña de Uribe por Pablo Escobar, hay muchos colombianos testigos de la radical posición del senador Alvaro Uribe Vélez contra la extradición para proteger al cartel de Medellín, hay otros colombianos testigos de qué narcotraficantes recibieron licencias de Aereocivil cuando el mismo señor Uribe estuvo a su cargo. Lo del impulso paramilitar de Convivir es solo el pico. Si Petro pudiera testificar todo lo que miles de colombianos fueron testigos, el presidente Uribe se hubiera derretido de la furia. Nada queda oculto bajo el cielo, los más peligrosos no son los testigos que hablan sino esos millares que se guardan en el silencio, pero cuya veracidad construye la historia. El presidente Uribe creyó que denigrando y desprestigiando a un senador, la verdad que como sombra lo sigue podría separarla de él.

No. Las notas del Departamento de Defensa de los Estados Unidos selladas en 1991 no son falsas ni una equivocación, simplemente su comprobación es obvia cuando sea necesaria.

Crea mala espina que el presidente Uribe recurra a golpes bajos cuando dice que es limpio. Esto me recuerda cuando para quitarse de encima la oposición, durante su campaña para repetir la presidencia, cometió el cinismo de acusar al PDA de ser las FARC. Los errores de inocente monaguillo del señor Uribe no son accidentales, lo que pasa es que el pueblo colombiano no ha comenzado a atar los cabos.

 

José María Rodríguez González

 

 

 

 

 

 



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