En medio del fanatismo mundial

31Dic07

En medio del fanatismo mundial

Muchos de los conflictos mundiales son alimentados por el fanatismo irresponsable de personas que creen que si sus ideas se imponen el mundo sería mejor.

Sin embargo, un mundo mejor solo se puede hacer con la cooperación, el entendimiento mutuo y una gran conciencia social.

El problema judeo-palestino no muestra ningún signo de solución, porque sus actores se apegan a especulaciones religiosas, mientras una crisis social crece y se agudiza en Palestina, creando una diferencia socio-económica con Israel que hace imposible soñar con una República Palestina porque el deterioro social solo agudizará el resentimiento y la venganza.

Los chiitas de Irán no van a perder ninguna oportunidad de expander la influencia de sus creencias, y la oportunidad que el presidente Bush les dió a los chiitas de tomar el poder de Irak, que ha sido para ellos como un regalo de Alá. Los sunitas, por su parte, van a desarrollar una persistente insurgencia hasta cuando retomen el poder o lo puedan compartir de manera equitativa, algo que los chiitas no tienen ninguna intención de permitir. Los kurdos, también sunitas, tampoco descansarán hasta unir a los kurdos de Turquía e Irán en una sola nación kurda al norte de Irak. Que Turquía con la ayuda de los Estados Unidos, o que Irán aliado con Irak lo permitan es solo una ilusión.

Argumentos religiosos primitivos alimentan las raices de estas guerras originadas en lograr control económico y militar.

La religión crece en influencia mundial convirtiendo los conflictos del siglo XXI entre secularismo y creencias en oposición a los del siglo XX entre comunismo y capitalismo, éstos intrínsicamente seculares.

Las creencias no necesitan comprobación, simplemente aceptarlas como ciertas y la única verdad, son el resultado de la fe que se inculca a través de antiguas escritura religiosas a las que se consideran nunca afectadas por el tiempo, las transformaciones tecnológicas o los descubrimientos científicos. Estas creencias incluyen la correcta moral de la vida, que para unos puede ser el castigo ejemplar de la desobediencia y la falta de lealtad a la fe y para otros la adoración de personajes y esquemas que representan a Dios o la perfección humana.

Hoy el cerebro más temido no es el de un filósofo de la economía como el judío secular Karl Marx, sino un ingeniero-arquitecto de negocios musulmán entrenado en las artes de la guerra, Osama Bin Laden.

Si se acepta o no el matrimonio de homosexuales o si el aborto debe ser desterrado o no, o si se respeta o no excepcionalmente a la religión son los temas que pueden hacer triunfar o ganar a los políticos estadounidenses. La afiliación religiosa y el cumplimiento de los credos de la religión son un factor determinante en el gobierno de los Estados Unidos, de la misma forma que podría serlo en Afganistán o lo es en Irak.

Birmania es el mejor ejemplo de las creencias y los ritos enfrentados dentro de los polos del poder y la sumisión. Una junta militar que profesa dávidas al budismo y que dice actuar de acuerdo a los principios budistas se enfrenta a los monjes budistas que ven a sus hermanos ser asesinados, desaparecidos o encarcelados sin ningún otro motivo que por pedir libertad y justicia.

La espiritualidad, la perfección del individuo aparecen aquí como la sublimación de todas las religiones, y aún así estas formas rituales y disciplinadas de vida tienen que enfrentarse a las decisiones del poder con la sumisión o la muerte.

No importa si es con el discurso económico del comunismo o el capitalismo o el de la espiritualidad y la secularizad, en el fondo sigue siendo el enfrentamiento del poder que exige sumisión y la sumisión que exige poder.

Algunos países en general seculares, como los Estados Unidos, parecieran enfrentarse a otros generalmente religiosos como Irán, pero tanto en el uno como en el otro persiste la contradicción entre el poder y la sumisión a su interior.

El conflicto armado en Colombia es otro ejemplo de esa contradicción, donde las guerrillas se consideran sometidas luchando por el poder y los poderosos enquistados en el gobierno obstinados en someterlas a muerte.

Este es uno de los casos escapados a la extinción, donde décadas de lucha por el poder entre los pobres y los ricos todavía se excusa en una lucha entre el comunismo y el neo-capitalismo global. El caso colombiano está sembrado en el corazón del siglo XX, donde la secularidad y sus ambiciones terrenales son más importantes que su catolicidad, desprestigiada por errores políticos, sociales y económicos.

Mientras Palestina pasó gradualmente de una dirigencia secular y de tipo comunista a una tendencia religiosa de tipo radical, representada por la existencia abrumadora de Hamas, en Colombia la Iglesia solo ha participado casi secretamente del lado de los Pájaros y los conservadores y más secretamente de los paramilitares y del uribismo, como sus protegidos de la lucha contra su enemigo común, el comunismo. No importa que el comunismo ya casi no existe y que el partido comunista solo pueda participar como una cola minoritaria en la oposición y que hasta las guerrillas ideológicamente se sientan más afines con el bolivarismo de Chávez que con Marx.

El secularismo tiene una larga lucha que dar, pero ante la desunión de las religiones, sola la unidad del secularismo tendrá la palabra.

Al tiempo que Colombia vive estancada en un conflicto ahistórico tiene la oportunidad de no caer en la tendencia mundial de la influencia de la religión sobre los destinos de la sociedad. A pesar de que la Iglesia trata de mediar y dirigir los destinos de Colombia como líder de la paz y la reconciliación. Un triunfo sobre las guerrillas con la mediación de la iglesia pondría a la iglesia en la posición privilegiada de influenciar la política colombiana de una manera directa y abierta. Pero, eso no parece que vaya a suceder, porque las fósiles posiciones de las partes, la muy remota probabilidad de que una inversión social sea una realidad en Colombia, que la reparación de millones de afectados por la violencia se logre y que los campesinos y pobres tengan tierras y una motivación para sostener con dignidad y ganancia a sus familias, nos muestran que la historia de Colombia continuará siendo una deformación que crece y crece hasta que se caiga por su propio peso, aunque no sepamos cuántas décadas o siglos se necesitarán para que eso suceda.

Mis deseos porque esta generación de colombianos aprendamos de toda nuestra historia y la del mundo para que podamos hacer una Colombia en la que podamos vivir ocupados por ser lo mejor que siempre hemos querido ser sin necesidad de la violencia, la brutalidad y la barbarie. Donde la justicia y el respeto por cada uno de nosotros sea el legado que dejemos a nuevas generaciones.

José María Rodríguez González

 



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  1. 1 turismo semana santa 2015
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