Colombia en la Escena Internacional

30Sep08

(Cliquée en las gráficas para ampliarlas)

Colombia en peligro con Alvaro Uribe

Colombia sin libertad con Alvaro Uribe

Colombia sin paz con Alvaro Uribe

El mundo ha comenzado a definir sus cambios en la segunda mitad de este año. La guerra ha deteriorado economías sólidas y nacionalidades en formación. El poder de la civilidad, la diplomacia y el progreso conjunto ha sido dañado por la ambición del poder único e incontestable.

Vivimos un nuevo orden global donde el abastecimiento y lo intereses comunes comienzan a primar sobre el enriquecimiento irresponsable y una exclusiva visión de las cosas y los seres humanos.  La crisis militar de los Estados Unidos en el Medio Oriente, la crisis económica de sus mercados financieros y la crisis política de su liderazgo han sido los referentes de los cambios en el nuevo orden global.

Las naciones buscan el usufructo de sus propios recursos, siendo Rusia uno de los mejores ejemplos de esta tendencia y de los beneficios de sus logros.  Las amenazas contra Rusia por su intervención en Georgia no pasaron de quedar en las nubes, porque de aplicarlas quedarían sin efecto y terminarían siendo políticamente contraproducentes.  Si un país puede manejarse con una estable economía interna, basada en sus propios recursos, lo hace inmune a las amenazas económicas externas. La bolsa de Moscú sufrió el desastre de la crisis de los mercados financieros estadounidenses que sostienen la inversión extranjera en Rusia, como en otros países, pero se le contrapone la economía nacional y el usufructo de sus propios recursos. Rusia puede reclamar con éxito su tratamiento de igual a igual con los Estados Unidos.

También las naciones buscan la solidez del respaldo a sus transacciones financieras con razonable regulación del mercado y fiable rendición de cuentas. Desde la tradicional costumbre china de confiar solo en el dinero contante y sonante en oposición a la dependencia dominante del crédito de altísimos intereses, lo que le ha dado la solidez para sostener las deudas de Estados Unidos tanto en la guerra como en su rescate de la economía, hasta la costumbre alemana de evitar riesgos económicos y su visión futurista de fortalecer los  ahorros, estos  países comprenden que los libres mercados de capital, sin ninguna regulación, son una puerta abierta a la usura, el abuso y el descalabro de toda la economía.

El enriquecimiento es aceptado sin detrimento de otros, tanto empresas como consumidores. Las consecuencias de que el fin justifica los medios han demostrado por enésima vez que son catastróficas, costosas y muchas veces irreparables.  La responsabilidad de las corporaciones y de la empresa en general deben tener en cuenta los costos sociales y ecológicos de su enriquecimiento y la inconformidad que puede volcarse contra sus propias ganancias. El nuevo orden global exige unas ganancias responsables y consideradas de los demás estamentos de la sociedad, sobre todo de los que requieren el mayor apoyo para su desarrollo.

El nuevo orden global se mueve en la dirección de las Naciones Unidas con sus principios de convivencia en paz para el progreso de toda la humanidad.  Es la resolución de conflictos y no la guerra lo que está al orden del día. Tanto en el Medio Oriente, como en Burma o Darfur. La convivencia de culturas, ideologías y costumbres se hace prioritaria para compartir el planeta civilizadamente.

El gobierno colombiano, desafortunadamente, ha puesto a Colombia fuera de las tendencias del nuevo orden global. La intervención de Colombia ante las naciones del mundo fue patética, aislada e inconsecuente. Mientras Bolivia, en medio de una turbulencia separatista, le habló al mundo sobre la incompatibilidad de las fallidas políticas de mercado libre de los Estados Unidos en los países en desarrollo, Colombia solo se esforzaba en poner en limpio al presidente Uribe y su gobierno. Semejante miopía y localismo solo mostraba que tan lejos está Colombia de las realidades del mundo.

Mientras muchos países mostraban su distanciamiento e independencia de las políticas económicas estadounidenses, Colombia como una mujer abandonada solo imploraba esas políticas rechazadas, pero consignadas en el TLC, por las cuales el gobierno colombiano se ha arrastrado con todo esfuerzo por lograrlas, enlodando hasta la dignidad de Colombia y acorralando su futuro en la región. Mientras Brasil de la mano de la izquierda y Chile de la del socialismo avanzan en su integración al nuevo orden global, Colombia por su parte parece retirase a una mentalidad medieval de su realidad.

La división que el presidente Álvaro Uribe ha hecho de Colombia entre FARC y no-FARC es reminiscencia de la división del mundo entre Estados Unidos y terrorismo que intentó el fallido presidente Bush, aquello de que si usted no está con los Estados Unidos, entonces está con el terrorismo. Semejante política tan obtusa e irracional originó el demoronamiento del poder internacional de los Estados Unidos, pero en Colombia la mímica de esa política aumentó la popularidad del presidente Álvaro Uribe, lo único que satisface a él y a sus seguidores.  Qué enana manera de pensar en los intereses de toda una nación con casi cuatro millones de desplazados, una miseria crónica del 60% , una limitada economía que busca depender cada día más y más de los Estados Unidos, una carga costosísima de un ejercito anti-insurgencia que después de siete años de incansables batallas día y noche solo ha logrado ganar batallas un poco discutibles, con famosos paseos de la muerte en las salas de emergencia para los que no pueden sostener el negocio de la salud, con una infancia abusada por padres, paramilitares y guerrilla criándose en la violencia y el crimen sin salud  ni educación obligatoria y gratuita, un país sin presupuestos en ciencia e investigación tecnológica, sin protección de sus recursos, con un narcotráfico imparable,  con parapolítica en las venas y con un presidente enemigo número uno de la Corte Suprema de Justicia, las leyes  y los derechos que afectan a todos los colombianos. Si ninguna de estas realidades de Colombia merece la atención de un presidente hipnotizado con las FARC, menos atención le puede merecer las cambiantes realidades del mundo.

Es una lástima ver a Colombia, un país tan rico en potencialidades, reducida a ser la cola de las políticas derechistas que la historia deja atrás.

José María Rodríguez González

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