Ingrid Betancourt y Piedad Córdoba: Nuevas heroínas colombianas

16Nov10

Ingrid Betancourt---dad-Cordoba

Ingrid Betancourt

y Piedad Córdoba:

Nuevas heroínas colombianas


Desde los tiempos de Policarpa Salavarrieta ninguna mujer había  tenido tanto empuje en el plano nacional e internacional como Ingrid Betancourt y Piedad Córdoba lo tienen hoy. En aquella época lo internacional de la Nueva Granada era limitado a España, hoy lo internacional de Colombia es una asunto globalizado dentro del cual tanto Betancourt como Córdoba han sido mencionadas para premios Nóbeles de la paz.

 

Cualquier colombiano debería sentirse orgulloso de que Colombia tuviera otro Nóbel fuera del de Literatura, ganado por Gabriel García Márquez en el siglo pasado. También debería sentirse orgullo por todas las madres, hermanas e hijas de Colombia que tienen en Ingrid Betancourt y Piedad Córdoba dos sobresalientes ejemplares de su género. Sin embargo un oculto machismo y misoginismo,  con pesadas dosis de racismo en el caso de Piedad, han encendido una tsunámica hoguera alrededor de los controvertidas acciones y discurso de estas dos mujeres que ahora son las Juana de Arco de Colombia.

 

Los héroes son siempre hechos por sus enemigos.

 

Circulan muchos chismes sobre Ingrid, ataques de hombres que han estado cerca de ella y enredos sobre su orgullo e indiferencia ante los demás, vulnerabilidades que tiene que afrontar toda mujer. El machismo no permite que la mujer imponga su voluntad sobre el hombre y que la mujer ante los demás no mantenga una actitud de complacencia y sumisión. Tanto Ingrid como Piedad han hecho trizas esos estereotipos por el bien de ellas, de la mujer colombiana y de Colombia en general; aunque casi nadie se percate de ello.

 

Piedad afronta además el prejuicio contra el color de su piel y contra sus maneras indiferentes a la sofisticación. Meterse el dedo a la nariz así se halle en la selva, alejada de la civilización, es una acción que se convierte en imperdonable contra ella. Su feminidad no llena los estereotipos de la mujer blanca y Piedad termina siendo tratada como un ficticio hombre con quien se justifica cualquier agravio que los hombres bajos se dan entre sí.

 

La gente usa esa trasgresión de los estereotipos de lo que “debe” ser una mujer como prueba para deslegitimar la validez de la lucha y las intenciones de justicia y paz que ambas enarbolan.

 

Ingrid Betancourt y Piedad Córdoba han sido audaces y valerosas en su trajinar político con toda la oposición que tienen, pero doblemente valerosas al tener que enfrentar la incomprensión, el odio y los ataques personales y criminales contra ellas. Es este último valor el verdaderamente heroico.

 

Ingrid estuvo en lo correcto al hacer su campaña presidencial contra la corrupción, que es la raíz de muchos males nacionales y de una criminalidad crónica en Colombia. Y está en lo correcto al promover la paz al unísono con Piedad Córdoba. Está demostrado que la mujer tiene un sexto sentido y un coraje extra sobre los hombres cuando administra y gobierna. El instinto de protección femenino llega a abarcar a todos los colombianos para buscar el beneficio de todos, en general, mientras estudios sobre el tema demuestran que el hombre se deja llevar por su complejo competitivo y que se baja a la corrupción y al crimen para imponer su poder sobre los demás.

 

Lo que hay que comenzar a pensar es si la lucha contra la corrupción  y el reclamo de los derechos de cada persona, pobre o rica, es válida, no si Ingrid perdió el amor por su esposo. Si la paz es algo que los colombianos merecen para lo cual tienen que tratar con respeto a los enemigos colombianos, y no si a Piedad le gustan los turbantes. Nadie es perfecto, pero es lo bueno de cada persona lo que hace al mundo mejor.

 

Como civilizado y como persona nacida de una madre me produce dolor y repugnancia al mismo tiempo el ver la humillación y el irrespeto que estas dos valerosas mujeres han recibido en su propio país.  Sin embargo, aunque injustificable, si existe una explicación a estas hordas de odio y violencia verbal que contienen deseos criminales contra ellas. Fuera de los mencionados y vergonzosos prejuicios que raramente se sacan a la luz y tampoco se corrigen, domina la soberbia ideológica colombiana de que Colombia no puede ser criticada ni atacada por sus ciudadanos, la misma ideología que llevó a millares de soviéticos a ser exterminados o aislados en Siberia durante la primípara y paranoica dirección de Stalin. Los extremos se identifican y unen, y no hay nada que diferencie al stalinismo de quienes odian a Ingrid y Piedad por sus ataques a Colombia de la mentalidad de los más déspotas y bárbaros que con arrepentimiento la historia mundial guarda en sus anales.

 

El pánico que sufre la mayoría de colombianos para reconocer sus errores debería terápicamente convertirse en negación a seguir cometiendo sus errores. No debe existir ningún miedo a la crítica o a la examinación de nuestros errores de gobierno o mentalidad. Sin estas herramientas sociales nunca podremos conocer qué estamos haciendo mal y menos vamos a tener la oportunidad de corregirlo. Es precisamente este miedo lo que explica por qué Colombia es el único país de Suramérica anclado en un anticomunismo vicioso y una fe intocable en los Estados Unidos que ha superando la de la madre patria y los ha convertido en los más poderosos padres de la patria.

 

Criticar y atacar a Colombia se ha dejado como el monopolio exclusivo de los grupos armados, FARC y ELN, como algo que no cabe en la democracia colombiana. Si no existe el derecho de todo ciudadano a criticar a Colombia y atacar a su gobierno dentro de los marcos de la democracia, entonces, se está dando, prolongando y fomentando la alternativa única de la lucha armada. La lucha armada no se ha acabado en Colombia ni se acabará hasta cuando el derecho a criticar a Colombia y atacar su gobierno sea del dominio democrático de todos los colombianos. No hay ninguna obligación de criticar a Colombia ni de atacar su gobierno, pero si alguien considera hacerlo el respeto y la atención a esa expresión democrático debe ser defendida por todos los colombianos.

 

Ingrid Betancourt y Piedad Córdoba son dos símbolos contemporáneos de lo que vio venir en su tiempo Policarpa Salavarrieta.

 

No por coincidencia el presidente Juan Manuel Santos también respeta a Hugo Chávez como el líder indiscutible de Venezuela y el de una política independiente de los Estados Unidos que vislumbra la expansión de la independencia económica regional que tan acertadamente ha liderado Brasil.

 

La visión de Betancourt, Córdoba, Santos y Chávez es incomprendida por los enceguecidos fanáticos anticomunistas, que ven comunismo en todo lo que no se ajuste a sus obsoletos clichés propagandísticos, pero contiene los ingredientes del desarrollo pacífico de Colombia por una parte y del fortalecimiento económico de la región por la otra. Mientras Santos y otros ven el futuro estratégico de Colombia los demás no salen de su anquilosamiento ideológico y de su miedo a drásticos cambios necesarios en Colombia, como lo es la ley anticorrupción entre otros.

 

Lo práctico y mejor es tratar de entender con detenimiento lo que tratan de decir, que no es unirse a las FARC ni que las FARC se tomen el poder, sino la importancia de buenas relaciones internacionales, la solución de problemas económicos internos de justicia social y equidad, el cumplimiento estricto del estado de derecho y la convivencia pacífica.

 

No se puede tratar de criminales a Ingrid Betancourt ni a Piedad Córdoba cuando ninguna de ellas ha cometido ningún crimen y cuando su posición política merece el mayor respeto, así se disienta con ella. Los fundamentos políticos de Ingrid Betancourt y Piedad Córdoba son tan válidos históricamente como lo fueron los de Policarpa Salavarrieta, heroína cuyo sacrificio y valor son cimientos del orgullo de la mujer colombiana y de la historia independiente de lo que hoy es Colombia.

 

Nadie es perfecto, pero es lo bueno de cada persona lo que hace al mundo mejor.

José María Rodríguez González



3 Responses to “Ingrid Betancourt y Piedad Córdoba: Nuevas heroínas colombianas”

  1. ESTAS DOS NO SON EROINAS,,,,,,,,,,,,,,, INGRID ES UNA SECUESTRADA DESCARADA, Y PIEDAD UNA TRAIDORA A LA PATRIA, APROBECHADA DEL DOLOR DE LOS COLOMBIANOS PARA SACAR PROBECHO A SU BULGAR POLITICA CHAVISTA

  2. 2 Javier

    Qué extraño este artículo, es muy notorio que es hecho por alguien afín a la izquierda… nosotros no queremos nada con esas viejas guerilleras de mierda.

  3. ahora le llaman a la gerrillera de piedad cordoba disque heroina , tambien ala flaca ojerosa acabada y sin iluciones de la ingrid que verguenza tener esas clases de personajes en mi pais tan bello , fuera de colombia que se bayan a vivir alas islas guayanas holandesas


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