Colombia: Economía del menor esfuerzo y a un lado las FARC

15Dic11

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Colombia: Economía del menor esfuerzo y  a un lado las FARC 

       La lucha contra las FARC pudo y puede terminarse en cualquier momento con una solución política. Las FARC no son determinantes de la criminalidad en Colombia ni tampoco han afectado la economía nacional de manera sustancial, solo tienen el 10% de influencia en ambas.  El narcotráfico tiene su estructura de distribución propia de la que usufructúan las FARC, pero que con FARC o sin FARC el narcotráfico es un problema de un peso mucho mayor que cualquier otro, tanto en la criminalidad como en la economía nacional, que se origina y encuentra apoyo en la corrupción colombiana.

       Hay mitos que deben aclararse de una vez por todas y uno de ellos consiste en  las razones que se inventan para justificar la corrupción y la criminalidad en Colombia. Empecemos por la sociedad civil en la que se mueve el narcotráfico como pez en el agua Sigamos con el Gobierno con muchos de sus líderes políticos de todos los niveles, y en sus fuerzas armadas y policiales que no solo permiten sino que son socios protectores de este andamiaje criminal de Colombia, aduciendo por ejemplo que la causa del narcotráfico es el mercado de drogas extranjero, como si el hecho de que existiera ese mercado tuviera alguna implicación que obligue a Colombia a satisfacerlo. El consumo de drogas no determina qué país lo abastece. ¿Por qué Brasil o Chile no son los primeros países en la producción y distribución de drogas en Suramérica?

       Colombia no ha resuelto la inequidad social ni se han creado  mecanismos de control suficientes de sus autoridades. Esto permite que la corrupción y el crimen posibiliten ingresos extras que rápidamente se transforman en ingresos principales para millares de colombianos. Las FARC no son la causa de la inequidad social, que es materia y responsabilidad del gobierno, ni de la laxa regulación de la autoridad que facilita la expansión y permanencia de la corrupción dentro del gobierno y de sus fuerzas militares y policiales. Es un absurdo culpar a las FARC o a las Águilas Negras o a las Bacrim por la existencia de la corrupción y su vástago, el narcotráfico. Las FARC son un hijo advenedizo tardío que explota la criminalidad del narcotráfico. Por otra parte, aunque las Águilas Negras se dediquen a fondo, al narcotráfico, la extorsión y a negocios usureros que se pagan con la vida, la existencia del narcotráfico tiene sus raíces en la sociedad, y su soporte en miembros del gobierno y de las fuerzas militares y policiales, independientemente de que empresarios, como las FARC, aparezcan o desaparezcan en el transcurso de la historia del narcotráfico.

       Debe quedar muy claro que la “gran madre corrupción” y uno de sus hijos principales, el narcotráfico, no existen porque haya mercados para narcóticos ni porque haya FARC que se aproveche de esa criminalidad o Águilas Negras y Bacrim que vivan del narcotráfico. El crimen y el narcotráfico existen porque hay una carencia de incentivos y conductas en la estructura de poder y de la sociedad para que la vida legal y honesta tenga valor y sea el estímulo para que el crimen  sea considerado vergonzoso  e  irracional. La crónica inequidad social que hasta ahora no ha sido enfrentada con seriedad y efectivamente estimula y justifica la ilegalidad que compensa la falta de ingresos o la complementación del ingreso insuficiente por medio de la complicidad con el crimen.

       Inexcusablemente, el problema radica en la sociedad colombiana misma y en sus instituciones. Si la sociedad repudiara de verdad al crimen y si la corrupción no penetrara a la sociedad, al gobierno, a la Policía y al Ejército entonces la producción y distribución de narcóticos quedaría desprotegida y su supervivencia sería muy difícil.

       Las FARC no son la causa de que esta sociedad por 200 años esté desviada y sumida en la ilegalidad por falta de liderazgo social y valores civilizados. Por el contrario, las FARC son su consecuencia y el mejor ejemplo de las respuestas desviadas e ilegales que la situación social y administrativa de Colombia genera y estimula. Culpar a los demás, a las FARC o a las Águilas Negras y las Bacrim no es otra cosa que esconder la responsabilidad que tienen todos los colombianos de los problemas de criminalidad que viven a diario. Aceptar y reconocer esa responsabilidad es el primer paso para comenzar a cambiar la situación de corrupción y criminalidad que se han creado los colombianos.

La economía del menor esfuerzo

       La creación de una falsedad como la hoy monstruosa guerra contra las FARC se ha hecho para poder seguir imponiendo la economía del menor esfuerzo. La sola posesión de la tierra se busca como negocio y se ha convertido en una ganancia en sí misma y si con el menor esfuerzo y sin mayor inversión se le puede sacar ganancia es suficiente para mantener el poder que les garantice ese tipo de vida.  La ganadería y la esperanza de que se descubran minas que puedan entregarse a corporaciones que hagan toda la inversión y participen a los dueños de la tierra de una pequeña porción de esas grandes ganancias es la ambición de los terratenientes colombianos.

       Esta mentalidad del menor esfuerzo de los poderosos de la economía colombiana es usada al máximo por culturas como la gringa y la europea, fundadas en la explotación de recursos naturales para la generación de industria y tecnología con las que no perderán su calificativo de pioneros. La idea de un gringo o un europeo es descubrir por sí mismo, con inversión y esfuerzo propios, si hay minas y cómo sacarle ventaja de la mejor manera posible a sus recursos naturales. Si descubrieran oro en sus propiedades lo primero que harían sería montar una fabricación de joyas de oro que les permita vender productos de consumo con alto valor agregado a precios competitivos ya que las materias primas las poseen ellos mismos. Los productos que se ofrecen al consumo público son los que dejan mejores ganancias gracias a los millones de consumidores en todo el mundo y por eso, la industria es el determinante del éxito y la solidez de su economía.

       La idea es mantener los costos de las materias primas de estos países industrializados tan bajos como si fueran propios. La inversión que hacen en sus propias tierras las pueden hacer también en cualquier tierra del mundo a los costos más bajos  Ahí entra en la escena la mentalidad del menor esfuerzo de los poderosos de Colombia, quienes rápidamente ofrecerán sus tierras  y las del fisco para exploración y explotación de recursos naturales a cambio de una pequeña porción de las ganancias de extracción de materias primas de la industria gringa y europea. En esta transacción el poderoso colombiano se considera el más inteligente y más ganancioso, porque obtiene jugosos ingresos sin tener que invertir en sus propias tierras ni en la extracción de las materias primas. Su ganancia la considera redonda y ve a la industria gringa y europea como unos pendejos que para ganar tienen que gastar en inversiones, seguridad, trabajadores, maquinaria, transporte, servicios, etc. En realidad  es al revés.

       Esta mentalidad de los grandes dueños de la tierra se traduce en la política de ganaderos y dueños del agro que dirigen principalmente a los partidos conservadores y en parte, a los liberales y que han gobernado a Colombia durante la mayor parte de su historia. La mentalidad del menor esfuerzo también es compartida plenamente por los magnates de la industria colombiana que políticamente se expresan principalmente en los partidos liberales y de centro derecha. Los industriales colombianos también se dedican a vender materias primas semielaboradas para el consumo de las industrias gringa y europeas. En lugar de fabricar ropa que compita con Benneton o Calvin Klein, simplemente producen telas para que las grandes industrias del vestuario las usen. La industria colombiana termina y continúa siendo un simple proveedor de materias primas o semielaboradas para verdaderas industrias como el vestuario, la construcción, alimentos, etc. La pequeña industria colombiana en vestuario, zapatos, alimentos y otros ramos es principalmente para el consumo nacional y de las colonias colombianas en el extranjero y su competitividad en los mercados nativos gringos y europeos no tiene mayor incidencia

       Colombia vende principalmente el grano de café, materia prima, y experimenta con la venta de café preparado para consumidores directos en tiendas, que son la minoría de consumidores. Sin embargo, no existe una industria colombiana del café que pueda competir con los billones de consumidores en el mundo que Nestle o Maxwell comparten con sus productos.

       Las economías globales están basadas en la industria de productos de consumo masivo, no en la de materias primas. Estados Unidos no vende su petróleo a nadie, pero sí vende gasolina y una incalculable cantidad de subproductos del petróleo que van directamente a millones de consumidores en todo el mundo.

Libre comercio o protección internacional de la economía estadounidense

       La industria agropecuaria gringa se beneficia con subsidios, la industria manufacturera es protegida por una cadena de patentes, descuentos de impuestos nacionales e internacionales y la protección y expansión de mercados con la participación directa del Estado y sus Fuerzas Armadas. Los bancos y compañías financieras y de servicios son protegidos y respaldados ante cualquier problema que los aqueje.

       Una parte de la protección de la industria gringa y europea es garantizar que no pierdan ni un centavo de sus ganancias en el exterior para lo que promueve la nivelación de precios  a nivel mundial, de acuerdo principalmente a los precios gringos.

       Otra parte importante de la protección de la industria gringa y europea es exigir la desprotección y la limitación de la capacidad industrial de otros países para mantenerlos como consumidores de su producción protegida o subsidiada.

       La desprotección de la industria y de la producción minera y agropecuaria es diseñada única y exclusivamente para países que no son Estados Unidos y que están fuera de la Comunidad Europea. Asimismo, el libre comercio consiste en la apertura de los mercados de otros países a la protegida industria gringa.

       La ilusión de exportar productos a Estados Unidos solo beneficiará específicamente a empresas de artesanías como las de los hijos de Uribe y las que ya tienen mercado limitado, pero su crecimiento o el aumento de productos de exportación es una quimera ya que el propósito del Tratado de Libre Comercio es aumentar las exportaciones de Estados Unidos y no sus importaciones. Para importar, los Estados Unidos no necesita hacer tratados, simplemente facilita las condiciones de esas importaciones. Los tratados se necesitan para asegurar las mejores condiciones y el mejor éxito de la industria gringa dándole tajada a los poderosos de la economía en cada país.

       Es prácticamente imposible que Estados Unidos le quite su protección a General Motors para que una supuesta industria de carros colombianos tenga menos impuestos y compita con Ford o Chevrolet. Los altos impuestos y las severas y extremas condiciones que soporta Toyota para vender sus carros en Estados Unidos debería ilustrar lo que es la política de libre comercio en Estados Unidos. 

       La protección de la industria gringa y europea se garantiza con la rama judicial para asegurarse que en otros países haya leyes sincronizadas con la protección de la industria gringa en Estados Unidos y Europa. ¿Podría Colombia exigir la modificación de las leyes de Estados Unidos para garantizar la protección y las ganancias de los productos colombianos en el mercado gringo? Absolutamente no, eso es un Imposible con mayúscula. El Tratado de Libre Comercio jamás se diseñó para servir ningún interés de la economía colombiana, si existiera una política económica de Colombia, con el agravante de que el gobierno colombiano tampoco se ha interesado en ella. EL TLC es diseñado exclusivamente para el beneficio de la economía de Estados Unidos.

       El TLC con Colombia es ganancia neta para Estados Unidos que aumenta el empleo en ese país y sus ingresos comerciales inundando el mercado colombiano, para el consumo de productos gringos.

       Los poderosos de la economía colombiana ganan 100% con el TLC teniendo como extra porcentajes en el proceso de las importaciones de productos gringos. El resto, la economía de servicios, los industriales colombianos, las pymes y muchas otras  industrias y al igual que empresarios colombianos del sector minero y agropecuario se verán afectadas gradualmente produciendo encogimientos, asociaciones, cierres y desempleo por pérdida de mercado. Todos los enormes esfuerzos de empresarios colombianos terminan absorbidos y frustrados por la economía del menor esfuerzo nacional y/o por la estructura económica impuesta por Estados Unidos.

 El componente tecnológico

       La industria exige tecnología para poder aumentar su producción y mejorar su competitividad y para rebajar los costos de producción para volverla mucho más sólida y exitosa. Como a los poderosos de la economía colombiana no les importa en lo más mínimo la industria colombiana ni la economía colombiana, sino exclusivamente su propia economía y riqueza con el menor esfuerzo, entonces, la adquisición y transferencia de tecnología para convertirse en propiedad colombiana no existe ni es considerada la prioridad en cualquier tratado.

       Que las empresas extranjeras hagan fábricas con la más alta tecnología en Colombia y que algunos colombianos tengan un acceso limitado a su manejo  no beneficia en nada a Colombia. Sin la preparación de colombianos para crear, (no para operar), nuevas tecnologías y sin la apertura de patentes a Colombia, cualquier avance colombiano en tecnología es solo como espectador. El hecho es que la inversión de Colombia en ciencia pura e investigación es casi nula y que el mayor ingreso de Colombia es de la economía de servicios poco interesada en patentes y creación de tecnología y muy alejada de la ciencia pura.

El componente “terrorista”

       El terrorismo existe en Colombia desde el hogar, donde el niño es castigado y atemorizado para moldear su conducta y se extiende a los ya reconocidos terrorismos del Estado, principalmente del Ejército y la policía, el terrorismo de derecha con las Águilas Negras y las Bacrim y el terrorismo de izquierda con las FARC y ELN. La idea de que la letra con sangre entra es el principio terrorista que domina en Colombia.

       Pero no todo es terrorismo en Colombia. La mayoría campesina dentro de las FARC tiene la propuesta válida de la tenencia de la tierra y la reforma agraria que solo se pueden lograr y garantizar con una reforma constitucional. Esto siempre ha herido el corazón de los poderosos de la economía colombiana que han hecho de su guerra contra las FARC lo central de cualquier política de gobierno y han generado un odio nacional contra ellas exagerando y poniendo sus crímenes como los peores que se cometen en Colombia, así nunca lo hayan sido. Mientras entretienen a 42 millones de colombianos con esta batalla campal contra las FARC, el gobierno acuciosamente adelanta todas las reformas posibles, desde la educación hasta la justicia, para facilitar la perpetuidad de la economía y riqueza de  los poderosos de Colombia y la estabilidad del TLC con Estados Unidos, que es libre solo para Estados Unidos.

       Mientras el gobierno obliga a los colombianos a poner los ojos en las FARC, cada día consolida mejor la seguridad de los poderosos de Colombia dentro de la economía global a costa de crear un statu quo que no desafíe la estructura económica del menor esfuerzo que ellos viven y a la que ellos defienden. Dentro de un ambiente de nuevos avances tecnológicos Colombia seguirá viviendo la posición en que ha estado sumida desde su independencia y que la mantiene como neocolonia, tradicionalmente de los Estados Unidos.

Conclusión

       Con el TLC, el futuro de Colombia será el mismo pasado de hace doscientos años atrás de la economía del menor esfuerzo que pervive en el presente.

Probable salida

       Con la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, MANE, emergió la ciudadanía como poder civil, acompasado con movimientos semejantes en todo el mundo incluyendo los indignados, y solamente lo que logre este poder civil puede determinar un futuro diferente para Colombia.

José María Rodríguez González

Colombia: pueblo vs gobierno



One Response to “Colombia: Economía del menor esfuerzo y a un lado las FARC”

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