Terrorismo y Colombia

28Jul12

Terrorismo y Colombia

Terrorismo y Colombia

Terrorismo: Es la acción de afectar las decisiones de la gente a través de la intimidación violenta. El terrorismo puede ser privado, subversivo o estatal.

            El terrorismo es usado en Colombia en la educación de los hijos concebida como el producto de la obediencia a los padres. Para obligar a que un niño se coma la sopa se lo intimida con  amenazas como la del Coco cuando son muy pequeños o del fuete cuando mayores, que todavía tienen vigencia, son muy ilustrativos del concepto de intimidación, principal componente del terrorismo.

            Como el terrorismo busca afectar las decisiones, es eminentemente político.  El objetivo del padre violento es obligar que el hijo se tome la sopa a cachetadas o correazos. Con su terrorismo el padre está ejerciendo la autoridad y el poder, lo que lo hace político. La violencia es su manera terrorista de imponerle al niño sus decisiones, de obligarlo a hacer lo que le hace bien al niño, como sería tomarse la sopa. El niño se toma la sopa de mala gana jamás entendiendo ni queriendo entender cuanto bien le pueda hacer, y con la única motivación y el temor de no ser violentado.

La violencia es el arma básica del terrorismo y es parte normal de la educación familiar colombiana. La violencia se practica en especial contra los varones a quienes se la inculcan desde su infancia para que aprendan a ser “machos”. No se ponen límites a los comportamientos inadecuados de los varones. Es así como al hombre (al padre) no se le impone ningún límite a su comportamiento permitiéndole la violencia física con sus hijos o su mujer.

Como Colombia es una sociedad machista que cree en la superioridad del hombre y considera a la violencia como la más alta expresión de su machismo, cualquier intento de que un padre escuche a sus hijos, los persuada de los beneficios de la sopa y negocie con ellos tomarse la sopa es visto como signo de debilidad, falta de hombría (falta de machismo), falta de autoridad, estupidez y se lo califica como un padre débil que se deja mandar de los hijos.

            En sociedades avanzadas la educación consiste en escuchar a los hijos, persuadirlos y negociar con ellos porque eso es lo que les enseña: a lograr lo que quieren practicando principios básicos de educación civilizada y usando su  inteligencia en las relaciones sociales. Estas herramientas que reemplazan el uso de la fuerza física en las relaciones, garantizan que el niño desde temprana edad desarrolle cualidades de liderazgo y facilidad para la negociación.

Atacar el liderazgo del estado en la búsqueda de la paz argumentando el aumento de acciones de las FARC no es un caso aislado en la expresión del arcaico machismo colombiano.

            Esta idea arraigada en la familia colombiana de que “la letra con sangre entra”, de que con la violencia se educa, se “endereza” y se le hace bien a los niños, la vemos replicada en todas las esferas de la sociedad.

En el caso del conflicto armado se justifica el uso de criminales de carrera, como los sanguinarios paramilitares, para exterminar a la población civil, con la excusa de que ésta, apoya a las guerrillas. En la lógica colombiana el apoyo a las FARC es lo peor, hay que exterminarlo usando la violencia, y mucho mejor si esa violencia es la máxima posible equivalente a la que ejercen los criminales, para enseñarle a la sociedad que no pueden ayudar a las FARC. Esta es la expresión máxima del terrorismo privado que incluye civiles de la banca, el comercio, la industria, la ganadería, la agricultura que, cuando es apoyado por el gobierno y la fuerza pública se convierte en terrorismo de Estado.

En Colombia, la costumbre es lograr cosas por la fuerza.

Una de las causas de que la cultura colombiana sea tan violenta y vengativa es porque la educación infantil está basada en el terrorismo de la autoridad familiar.  Lo más probable es que el niño, o bien se identifique con  el victimario, el padre, o con la víctima, la madre y los hijos, en un modelo en el que el victimario y la víctima son dos partes de la misma estructura enferma de relación. Esta estructura se replica en toda la sociedad colombiana, está tan arraigada y se da tan temprano en la vida del niño que se forma antes de que el niño tenga la capacidad de reflexión. Y es desde ese momento que el deseo de venganza reemplaza la reflexión. De esta manera se vuelve natural reproducir el terrorismo en todos los aspectos de la vida, en las relaciones personales, en el  trabajo y con mayor razón en los cargos de poder.

            La erradicación del terrorismo en Colombia comienza por la casa, por la familia, por la educación de los hijos, por la práctica constante de escuchar, persuadir y negociar a todos los niveles. Acabar las FARC y los neoparamilitares no acaba las raíces del terrorismo en Colombia, que está fundamentada en la crianza y en la familia.

La idiosincrásica fascinación de los colombianos con el terrorismo hace que cosas que nada tienen que ver con el terrorismo sean consideradas terroristas. Una forma eficiente para saber qué es terrorismo es comenzar por aprender todo lo que no es terrorismo.

            Si el padre le rapa algo al hijo eso ya no es terrorismo. Si le rompe el videojuego o le hace una zancadilla cuando corre, tampoco es terrorismo, porque en ninguno de esos casos, todos violentos, se trataba de cambiar o hacerle tomar decisiones. Al niño simplemente le fue negado algo violentamente o se buscó herirlo directamente, sin que en ninguno de esos casos su capacidad decisoria tuviera ninguna importancia.

            Si a una señora le “aterrorizan” y las cucarachas, eso no la convierte en víctima del terrorismo. Las cucarachas no aparecen para asustar a la gente con el objetivo de que boten comida. Todo lo contrario, las cucarachas andan huyendo de la vista de los humanos porque saben que de un golpe las aplastan para ahuyentarlas de su comida. En este ejemplo la señora sería la verdadera terrorista para la cucaracha. Pero, aún en ese caso la señora tampoco es terrorista porque huye de las cucarachas y no arremete contra ellas para asustarlas y hacerlas huir. La señora simplemente tiene una fobia y una aversión que nada tienen que ver con terrorismo.

Que haya personas que se aterrorizan por el secuestro como las hay que se aterrorizan por millones de cosas más, eso no las vuelve acciones terroristas.

Si un grupo armado, cualquiera que sea, roba un banco, hace un retén ilegal, estafa, explota una planta eléctrica o secuestra eso no es terrorismo porque ningún factor decisorio pudo ser afectado por esa violencia.

Un secuestro es una transacción extorsiva que puede ser económica o política pero no cambia ninguna decisión de la gente. Así haya millones de secuestros eso nunca va a cambiar u obligar a que la gente decida que la libertad personal deba acabarse o no. Por el contrario, cada secuestro aumenta la unión de la gente pidiendo por el respeto incondicional de la libertad individual. Es un delito de lesa humanidad porque nadie tiene derecho a decidir sobre la libertad de nadie, excepto la rama judicial.

En la guerra se acostumbra que unos ejércitos embosquen a los otros, pero eso en ningún momento es terrorismo, es simplemente uno de los avatares de la guerra y una de sus técnicas.

En toda guerra siempre hay daños colaterales, las bombas matan más inocentes porque están desprevenidos y desprotegidos; y menos objetivos militares porque estos andan alerta y muy bien resguardados. Los niños y las mujeres son generalmente los colaterales más afectados. Las bajas civiles se califican como colaterales siguiendo el patrón que internacionalmente han establecido los Estados Unidos y la OTAN. Los efectos colaterales de la guerra son algo deplorable, motivo central para acabar con las guerras, pero tampoco son terrorismo. Para serlo tendrían que ser objetivos civiles.

En conflictos racistas, tribales, sectarios  y religiosos los objetivos son siempre civiles porque buscan disminuir el número de creyentes del bando o ejército contrario, pero en conflictos de poder la gente de toda clase juega un papel muy importante de apoyo, y el ataque se concentra en la propiedad de los más poderosos, las fuerzas armadas defensoras del Estado y en la destrucción del funcionamiento normal de servicios e infraestructura.  En Colombia los paramilitares hacen una guerra sectaria por eso sus víctimas son fundamentalmente civiles. Los otros grupos armados hacen una guerra subversiva y tanto el Estado, las fuerzas militares y policiales como la propiedad agraria e industrial son sus víctimas principales.

            Los hechos del terrorismo internacional y la situación local del conflicto armado en Colombia son una fuente de enseñanza:

En general el terrorismo se ejecuta con ataques a civiles al tiempo que se atacan cosas o símbolos de poder del enemigo.

Si un grupo armado, cualquiera que sea, pone bombas en los puestos de votación, eso es terrorismo porque afecta la decisión de la gente de ir a votar o no, por un medio violento.

Si se derriban dos edificios, símbolo del poder de una nación, como las Torres Gemelas de Nueva York, eso inmediatamente obliga a cambiar la decisión sobre la seguridad de todo un país. Desde ese momento nadie puede sentirse seguro. El terror es tal que puede llegar a crear miedo a los aviones que vuelan sobre las ciudades, a los edificios altos sin una fácil salida de emergencia, a toda persona islamista, a todo enemigo de los Estados Unidos, etc. El terror producido por la demolición violenta de las torres gemelas obligó al gobierno a cambiar posiciones sobre inmigración, diplomacia y lo llevó hasta la declaración de guerra.

Aquí no hay que confundir cambio de políticas y decisiones a nivel gubernamental y social con medidas de seguridad contra el terrorismo o cualquier otra amenaza.

Las medidas de seguridad como requisas selectivas en el transporte público o la identificación para entrar a los edificios, son corrientes y se caracterizan por una constante actualización y por ser preventivas. Que la gente tenga que quitarse los zapatos para su inspección en los aeropuertos no es producto de ningún acto terrorista en el que haya existido una sola víctima. Fue un fallido intento de un posible acto terrorista el que señaló que los zapatos  podrían ser transporte potencial de explosivos o componentes de explosivos y por prevención se adoptó su inspección.  Eso es una medida de seguridad.

El principal objetivo del terrorismo es demostrar que lo que parece más seguro no lo es. Al romper la sensación de seguridad obviamente queda el vacío de la inseguridad.  La seguridad de que ir a votar no tiene peligro alguno o de que Nueva York no puede ser atacada, son las seguridades que el terrorismo busca romper. Darle fuerza y apoyar al terrorismo es exagerar el daño hecho, asegurarse de que el miedo cunda y extender ese miedo al mayor número de personas posible. La falta de conocimiento del terrorismo es lo que hace que mucha gente ingenuamente ayude al éxito del terrorismo sin darse cuenta.

El antídoto del terrorismo es la seguridad y ésta debe ser tarea de los servicios de inteligencia, contrainsurgencia y de seguridad, nunca una política de Estado.

Si la seguridad se vuelve la política de un gobierno entonces valida las acciones terroristas como enemigas de la nación, las reconoce como acciones intimidantes contra la sociedad y el Estado y equipara equivocadamente esas acciones a un invisible ejército enemigo, que de ahora en adelante llamará “terrorismo”. Hablar de seguridad se vuelve entonces una forma explícita e implícita de reconocer que el “terrorismo” es una amenaza constante, presente y real para la población. Si ese terrorismo es producto de las acciones de una organización política armada, la política de seguridad trae consecuencias aún más graves porque reconoce las acciones terroristas como las más temibles de la organización armada y al hacerlo reconoce la capacidad subversiva y beligerante que la organización política armada buscaba establecer ante la población.

Es inevitable que desde ese mismo momento lo que queda en tela de juicio es el poder del Estado, la fortaleza o debilidad del gobierno frente al “terrorismo” y  no frente a la organización política armada. Así, lo que en realidad son solo unas acciones de la organización política armada,  que el gobierno categorizó como del enemigo “terrorista” se transforman en el reconocimiento de la organización política armada como la fuerza beligerante más temida por el Estado. Ahora, todo lo que la organización política armada necesita hacer es resistir y con solo resistir siempre demostrará la debilidad o el proceso de debilitamiento del Estado. Ambos resultados juegan en su favor porque lo que ha quedado y lo que queda en cuestión es el poder del Estado debido a su política de seguridad de la que depende toda la sociedad, y no la organización política armada que ahora se beneficia del hecho de que la población misma demuestre la debilidad del Estado.

Para quitarle toda efectividad a las acciones terroristas estas deben prevenirse con sencillas pero eficaces medidas de seguridad. La neutralización de la actividad de la organización política armada es lo único que demuestra la superioridad y el poder del Estado. Y es lo único que realmente devuelve la seguridad a la población.

El terrorismo siempre es político sencillamente porque afecta las decisiones de la gente. Que ese efecto político se logre por medios violentos es a lo que precisamente se ha llamado terrorismo. Si el terrorismo no afectara las decisiones de la gente no sería político y sus ataques serían equivalentes a una catástrofe natural o al aislado incendio criminal de una casa o un edificio en el que pueden morir muchas familias.

Si un edificio se incendia a causa de una falla eléctrica, esa causa no es política. Si lo es a causa de un descuido o la intención de un individuo o individuos contra el dueño del edificio tampoco es político así en ambos casos los destrozos sean enormes y las víctimas decenas. Pero en el instante en que un grupo político organizado reclame su autoría o sea acusado de causar el incendio, cualquier causa del incendio pasa inmediatamente a un segundo plano y la organización política armada pasa a ser la causa primera y única de ese incendio y su acción una acción política de carácter terrorista. Los destrozos así sean mínimos  y las víctimas así sea una sola se convierte en un ataque y como tal un acto terrorista correspondiente a una determinada política de la organización política armada y logra un despliegue nacional e internacional porque son atentados contra la población y el Estado.

La organización política armada sabe que el presidente, los ministros y el gobierno en general pondrán ese acto en primera plana para el conocimiento público porque es imposible que se ignore un acto que atenta contra la población a cargo del Estado, pues, políticamente eso es lo que significa el acto terrorista. La sola manifestación del gobierno es en sí un efecto político y la denuncia de la política del grupo político organizado es un efecto político agregado. Toda esta reacción política que deja presente la capacidad de amenaza, beligerancia y subversión era la que buscaba la organización política armada con ese acto.

A un grupo lo pueden llamar terrorista aunque sus acciones terroristas sean mínimas como a un congresista lo pueden llamar Padre de la Patria aunque solo llene sus bolsillos. La definición legal de las cosas, sobre todo en la guerra, no necesariamente es exacta. Existe la guerra psicológica y la propaganda como parte de la guerra, que demuestra cómo ciertos calificativos que hagan perder valor público al enemigo o aumente el odio al enemigo son la razón de la existencia de ese lenguaje. Todos los hábitos de la guerra son malos y deben acabarse.

José María Rodríguez González



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